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¿Hasta cuándo durará el repunte del agro en Colombia? La devaluación, el crecimiento de la cosecha y la apertura de nuevos mercados provocaron un repunte del agro colombiano este año. ¿Hasta cuándo durará?

Aunque estamos lejos de ser considerados una potencia mundial de alimentos, este año el agro colombiano comenzó a cambiar la tendencia en cuanto a producción, exportaciones y utilidades. En medio de ese optimismo moderado por el campo, hay que decir que no todos los productos están en esa misma canasta. Mientras el trigo, maíz, cebada y algodón hacen parte de una lista negra que aún no levanta cabeza, en el otro extremo de la balanza están productos como el café, banano y flores, muy beneficiados con la actual tasa de cambio.

A pesar de que el balance general todavía no es el ideal, es interesante ver departamentos como Casanare, Arauca y Meta, que hasta hace pocos años estaban metidos de lleno solo en la actividad petrolera, ahora se reinventan y van camino a convertirse en verdaderas potencias agrícolas. Otro factor catalizador de inversión y siembra es el cese de hostilidades entre Gobierno y grupos armados, lo que ha llevado a recuperar la confianza de miles de campesinos por la siembra. Este hecho también se ve reflejado en los recientes resultados de la Encuesta de Opinión Empresarial Agropecuaria, que sugieren un repunte del optimismo en el sector. Entre julio y septiembre de 2016 la situación económica de los encuestados estuvo entre ‘buena’ y ‘aceptable’ (75,6%) y, en menor proporción, mala (24,4%). El siguiente es el panorama.

En tierra fértil

Hay varios hechos que demuestran el buen momento por el que pasa la producción de algunos cultivos. En el caso del café, el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, dijo a Dinero que la producción de este año podría llegar a los 14,5 millones de sacos, aunque no estamos hablando de la mayor cosecha de la historia (en 1991 y 1992 alcanzó los 16 millones de sacos), sí se convertirá en la de más alto valor, al llegar a los $7 billones. El año pasado llegó a $6,2 billones. “Si el clima nos acompaña, la cosecha del año entrante podría ser igual o mejor que la actual. El potencial es de 15 millones de sacos”, anticipó el gerente.

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¿Cómo se lograron estos indicadores? La tarea inició hace años con la renovación masiva de plantaciones. En total se cambiaron 600.000 hectáreas con cafetos más resistentes a la broca y con un nivel más alto de productividad. Otro factor positivo ha sido el precio internacional. Durante este año la libra de café no ha bajado de US$1,20, y en las últimas semanas se ha mantenido cercano a los US$1,60. Eso quiere decir que con la actual tasa de cambio la carga de café se está vendiendo en $1 millón. “Eso deja rentabilidad y permite ponerse al día con las deudas”, dijo Vélez.

Otra buena noticia es que el mercado mundial de este grano reporta un déficit cercano a los 5 millones de sacos, lo que hace pensar que estos indicadores se pueden mantener por un tiempo. Sin embargo, para que esto no sea flor de un día, es necesario seguir promoviendo la siembra de cafés especiales –pues sus precios son muy superiores– así como continuar con la política de sustitución de los árboles viejos y controlar a toda costa las plagas.

Pero el café no es el único con buen aroma en este sector. Otro cultivo que pasa por un momento estelar es el arroz. En los dos últimos años el país pasó de ser un importador masivo del cereal a generar toda la demanda interna y convertirse en el primer productor de la región andina y el segundo en América Latina, después de Brasil. “La de este año es la mayor cosecha de la historia, en total se producirán 2,9 millones de toneladas, frente a las 2,4 millones del año pasado”, explicó Rafael Hernández, presidente de Fedearroz. En esto tiene mucho que ver el programa del Ministerio de Agricultura, Colombia Siembra, el cual estimuló la plantación de cerca de 180.000 nuevas hectáreas de este cereal. Así las cosas, el arroz es ahora el octavo cultivo con mayor área sembrada del país.

Pero no todo es color rosa. Según el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Simón Gaviria, desde 2007 no se mejoran los indicadores de productividad del cereal por hectárea. Un ejemplo claro de ello: en China se producen 6,7 toneladas por hectárea, en Colombia solo 4,8 toneladas. “Para aumentar la productividad del país es necesario invertir más en riego y apostarle menos al secano (cultivo donde solo se utiliza el agua lluvia)”, dijo Gaviria. Departamentos que han hecho esfuerzos grandes en sistemas de riego como Tolima alcanzan a producir 6,2 toneladas por hectárea, un indicador de talla mundial, pues solo es superado por China y Japón.

Este balance agropecuario también tiene una faceta positiva cuando se habla del cacao. Aunque el Fenómeno del Niño, que afectó drásticamente las cosechas en el primer semestre de este año, pudo aguar la fiesta de este cultivo, el balance de los últimos años y la proyección son promisorios.

“El año pasado tuvimos la cosecha más grande del país, un total de 54.700 toneladas. Este año estará entre las 50.000 y 52.000 toneladas debido a los problemas climáticos. La buena noticia es que se recuperaron 10.000 de las 80.000 hectáreas que estaban abandonadas, envejecidas o enfermas”, dijo Eduard Baquero, presidente de Fedecacao. El potencial de este producto en el exterior es enorme. En 2015 aumentaron 71% las exportaciones, mientras que las importaciones cayeron 12%. Se puede afirmar que el país ya es capaz de producir el cacao que consume el país. Solo Nacional de Chocolates y Luker consumen 75% del mercado interno. La calidad es otro aspecto a resaltar. De las 270.000 toneladas que se producen en el mundo de chocolates finos con buen sabor y aroma, la producción de Colombia ya se incluye en esa cifra. Eso se debe a la genética del cultivo y en procesos adecuados de fermentación. El producto colombiano llega a mercados de España y Holanda y prepara su desembarco en Rusia y Malasia.

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Fedecacao quiere emular parte del éxito de Juan Valdez, el mejor embajador del café colombiano en el mundo, y por ello escogió a una mujer cacaotera –María del Campo– para promocionar el chocolate en otros mercados. El presidente de ProColombia, Felipe Jaramillo, cree que este producto tiene un potencial enorme en el exterior. “Nuestra apuesta es que las ventas de los derivados del cacao crezcan 30% debido a su gran demanda”, dijo.

Hay que arriesgarse

Por años el país viene hablando del potencial que tienen nuestras frutas en el mercado internacional. Desafortunadamente la apuesta y las inversiones no se equiparan con esa expectativa. Las ventas externas de uchuva, cítricos, piña y el mismo aguacate –que en 2017 tendrá ‘visa’ para entrar a Estados Unidos– se cuentan en decenas de contenedores. Cuando los grandes jugadores hablan de miles o millones de contenedores.

El problema parece de escalas y no de calidad. Miremos el caso de la papa. A los productores no les interesa incrementar sustancialmente el área cultivada porque puede afectar el precio. Sin embargo, países como Bélgica vienen incrementando los despachos de papa precocida y congelada al país. Según datos de Fedepapa, en 2015 ingresaron 38.800 toneladas, especialmente de la Unión Europea, mientras que este año se podrían alcanzar las 50.000 toneladas. Una situación similar estaría pasando con arvejas y zanahorias europeas.

Esta situación tiene varias explicaciones. Hay problemas serios, no solo en la papa, sino en casi todo el agro con el tema de las semillas. Ancestralmente y casi culturalmente los cultivadores no usan semillas certificadas, debido a su alto costo. Lo que hacen es tomar algunos productos de buen tamaño y sembrarlos. Eso trae consecuencias en la productividad. Mientras un papero holandés puede producir más de 30 toneladas por hectárea, un cultivador boyacense solo logra 20 toneladas. “La clave está en la mecanización. Es decir, en preparar bien la tierra, sistemas de riego y semillas certificadas, que hoy no alcanzan 2% o 3% del total de área cultivada”, dijo a Dinero el gerente de Fedepapa, Germán Palacio. Incluso, hay un potencial interesante con las papas nativas, muy apetecidas en la cocina gourmet, pero solo se producen en un par de sitios de Colombia.

Abonar el terreno

El agro colombiano enfrenta problemas transversales que dificultan su rápida expansión y aprovechamiento. Uno de los más sensibles es el acceso a la tierra. Según datos del DNP, de 15,7 millones de predios que hay en Colombia, 4,1 millones están ubicados en áreas rurales. Pero lo grave del asunto es que de esos predios en el campo solo 21% de estas propiedades tienen un título, mientras que otros 58% solo cuentan con un certificado de tradición. Mucho menos se cuenta con un inventario de baldíos. En otras palabras, para dejar de hablar de potencial en el agro, para hablar de despensa del mundo es necesario que los campesinos cuenten con su título de propiedad.

Ese es el mejor estímulo, y no un subsidio que a la larga se convierte en una trampa de pobreza o un incentivo perverso. La buena noticia en ese aspecto es que el propio Simón Gaviria anunció la elaboración de un catastro actualizado del país y, lo mejor de todo es que mientras se haga el barrido predial se podrá ir titularizando a los agricultores. Es una tarea poco menos que titánica, pero necesaria para el agro colombiano.

Un plan piloto que llevó a cabo DNP en Tabio, Cundinamarca, donde tienen asiento algunas de las familias más poderosas de Colombia, encontró que solo 0,91% de las propiedades rurales contaba con un registro de catastro.

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